México se encuentra en un momento de expansión cinematográfica, con un año récord para la industria nacional, cineastas emergentes apuestan por el crowdfunding para llevar a la pantalla historias íntimas y urgentes, contadas desde una mirada profundamente mexa.
En 2024, la industria registró 112 estrenos nacionales en salas comerciales, una taquilla que generó 20 mil 722 millones de pesos y contó con la participación de casi 12 mil personas en producciones audiovisuales. El 36% de los estrenos mexicanos llegó a plataformas de streaming, y en 2023 setenta películas nacionales se proyectaron en 46 países, de acuerdo con el anuario del Instituto Méxicano de Cine (IMCINE).
Estos datos reflejan algo que es bien sabido: el cine hecho en México tiene mercado, tiene alcance y tiene algo que decir. El reto, como siempre, es encontrar los recursos para decirlo. Mientras que las grandes casas productoras definen que historias llegan a las más de 7 mil salas de cine del país, una nueva generación de cineastas recurren a las plataformas de financiamiento colectivo para sostener óperas primas, cortometrajes estudiantiles y propuestas incómodas que tienen algo en común: no están dispuestas a esperar para existir y se abren camino.
Ante esta avalancha de propuestas, la plataforma de financiamiento colectivo GoFundMe creó la página especial “El Cine Independiente necesita tu apoyo”, la cual reúne colectas solidarias dedicadas a la creación cinematográfica en México. Estos son algunos de los proyectos que aloja.
Cine estudiantil de hambre voraz
B-DOYL es uno de esos proyectos. Dirigido por Sarai Ramírez y producido por el colectivo estudiantil One Take Films, este cortometraje sigue a Dalila, una hija que cuida a su padre tras un evento vascular cerebral (EVC) y que encuentra en una sustancia ficticia la posibilidad de revivir los momentos que perdió. La directora de fotografía, Santiago Cortes, busca traducir la asfixia emocional del personaje en luz, ángulos y movimiento de cámara; la directora de arte, María Cisneros, construye un universo que aparenta perfección pero esconde un precio.
Ellas son estudiantes, pero tienen una ambición formal y narrativa que va más allá del aula, pero necesitan 40 mil pesos para concretar la producción.
Gabriela González, estudiante de la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México con proyecciones previas en festivales de Egipto, Brasil, Estados Unidos y la Cineteca Nacional, rueda Diario de una oruga, un cortometraje sobre la pubertad, la vergüenza y el deseo de ser vista. El proyecto ya cuenta con inversión inicial y 30 mil pesos recaudados; la campaña activa busca completar los 90 mil que hacen falta para filmar en las próximas semanas.
Desde Tuxpan, Veracruz, Diego Zamora desarrolla Al otro lado del río, la historia de Bruno, un niño de once años que se niega a aceptar la enfermedad irreversible de su madre y emprende una búsqueda que lo lleva a los bordes del tiempo y la muerte. Con una meta de 90 mil pesos, el proyecto busca financiar la logística de un rodaje en locaciones reales que le den al cortometraje la textura que su historia exige.
En la Ciudad de México, la también estudianta Natalia Gutiérrez trabaja en Polvo de estrellas, una historia sobre una adolescente que entra a robar a un convento y termina encontrando en la monja que la descubre algo que ninguna de las dos esperaba. Esta joven de Cuajimalpa, en la Ciudad de México, necesita 60 mil pesos para tres días de rodaje, con la convicción de que las amistades improbables son las que más vale la pena contar.
Apuestas tan incómodas como importantes
Carne de mi carne, de la cineasta poblana Sara Acevedo, lleva la apuesta aún más lejos. El cortometraje retrata a Marianela, una madre soltera de 27 años que decide ejercer el trabajo sexual para sostener a su hijo de cuatro años. Acevedo, cuya trayectoria incluye selecciones en festivales de Argentina, India, Puerto Rico y Ecuador, aborda la pregunta que estructura su obra: ¿hasta dónde puede llegar una madre por amor? El proyecto distribuye su presupuesto de la siguiente manera: 50% producción, 30% postproducción y el 20% para distribución y festivales.
Este proyecto cuenta con la actuación de Ruth Ramos, figura reconocida del cine mexicano de autor, vista recientemente en el estreno en Cannes del cortometraje Elevación y en la serie de Netflix Todo va a estar bien, de Diego Luna.
¿Cómo darle luz a estas ideas?
Estas cinco miradas distintas tienen en común una misma apuesta: las historias que importan no tienen por qué esperar a que alguien más decida financiarlas. En un país donde el 30% de las salas pertenece a circuitos independientes y donde cada vez más producciones encuentran vida en plataformas digitales, el cine que se hace desde abajo no es el futuro de la industria mexicana. Ya es parte de su presente.
Para apoyar a estos cineastas mexicanos y a muchos otros, puedes donar a sus colectas, compartir sus causas o dejar palabras de aliento que les animen a continuar. Conoce estos y más proyectos a través de la página “El Cine Independiente necesita tu apoyo”.







