Por Jorge Ramón Rizzo*
El andamiaje criminal más poderoso y violento de la última década en México se ha cimbrado: Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho», líder máximo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), fue abatido este domingo en un operativo de alta precisión realizado aparentemente por fuerzas federales en Tapalpa, Jalisco.
Con su muerte, se cierra uno de los capítulos más sangrientos de la narcoguerra, marcando el fin de 16 años de expansión frenética de la organización que convirtió a Jalisco en su bastión y a México en una red de fentanilo internacional.
El operativo, largamente gestado y finalmente ejecutado en la zona de Tapalpa, a 130 kilómetros de Guadalajara, representa la victoria más significativa de la última década en materia de seguridad. Informes de fuentes federales, confirmaron que el capo fue alcanzado durante una confrontación armada, consumando la muerte de uno de los narcotraficantes más escurridizos de la historia mexicana.
Miembros de alto rango de la comunidad de inteligencia estadounidense confirmaron que instructores de los Navy SEAL viajaron a México este mes para una serie de entrenamientos destinados a identificar y detener a figuras clave de los cárteles; por lo que al recibir al grupo de tácticos mexicanos con quienes operarían la intervención de «El Mencho», les quitaron sus teléfonos móviles y todos los dispositivos de comunicación para evitar cualquier fuga de información, algo que había sido un problema recurrente en los intentos previos por capturar a los capos del narco en México.
Primero llegó el Equipo 2 de los Navy SEAL compuesto por 19 elementos y unos días después se extendió la autorización para que ingresaran 12 miembros más, que de manera integral tomaron parte del operativo con el que exterminan al jefe criminal.
Cómo ya se vió tras el operativo que termina con la muerte del líder de CJNG, se desató una ola terrorífica en 21 estados del país, con más de 600 incidentes. Y, en los próximos días seguramente veremos una sucesión violenta en el Cártel Jalisco Nueva Generación al no existir un heredero claro, por lo que los jefes de plaza “sacan músculo” con bloqueos, incendios y ataques para pelear el liderazgo de quién tuvo bajo su mando, el cártel con mayor presencia internacional, convirtiéndose en uno de los mayores traficantes de drogas sintéticas hacia Estados Unidos, lo que llevó a agencias como la DEA a ofrecer 15 millones de dólares por su captura.
La caída de «El Mencho» se une a una cronología de fin de ciclo que incluyó la caída de figuras como «El Chapo» Guzmán y «El Mayo» Zambada, pero el CJNG demostró una resiliencia basada en una estructura más descentralizada. El 22 de febrero de 2026 pasará a la historia como el día en que el «capo más buscado» dejó de ser una amenaza activa, pero también como el inicio de una incesante disputa por el control de la organización que dominó la mitad de México.
La sanguinaria y despiadada organización que comandaba Oseguera Cervantes fue capaz hace 10 años de golpear directamente a la familia de su rival, Joaquín «El Chapo» Guzmán. Hoy vale la pena recordar ese hecho histórico, verificado por autoridades y diversas fuentes de inteligencia, cuando un comando armado del CJNG, bajo las órdenes de «El Mencho», irrumpió en el restaurante «La Leche» de Puerto Vallarta y se llevó a seis hombres, entre ellos estaban los hijos del legendario «Chapo» Guzmán, Jesús Alfredo Guzmán Salazar e Iván Archivaldo Guzmán, actuales líderes de «Los Chapitos».
Dicho secuestro, perpetrado en febrero de 2016, habría significado la adquisición de más control territorial y, desde entonces Oceguera dejó de ser visto en público y cuidó a la perfección su primer círculo. El agente especial Kyle Mori, de la división de campo de la DEA en Los Ángeles, declaró en 2017 a la revista Rolling Stone que “en México, te topabas con tipos que habían conocido al Chapo, pero no al ‘Mencho’; es una especie de fantasma”.
En su momento, con la aprehensión del «Chapo» se le abrió la puerta a alguien peor: Nemesio Oseguera. Suceso que nunca vieron venir las autoridades mexicanas.
Por ello ahora, la administración cuatroteista de Claudia Sheinbaum debe contener la violencia post-Mencho, porque aunque la administración Trump aplaudió el operativo, con los narcobloqueos mantienen la narrativa de que los grupos criminales aún «controlan México».
Serán días complicados. Pero hoy debemos señalar el fin de una de las eras más violentas en la historia moderna de México. Sin embargo, la historia de la guerra contra el narcotráfico ha enseñado que la eliminación de una cabeza a menudo hace crecer otras. El verdadero reto para el gobierno mexicano comienza ahora: evitar que el vacío de poder se traduzca en una nueva ola de ingobernabilidad.
*Periodista/Tlaxcala









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