Se cumple un mes de la reciente tragedia en la estación Camarones de la Línea 7 del Metro ha encendido las alarmas sobre una amenaza invisible pero omnipresente: el uso de dispositivos y accesorios electrónicos que evaden las Normas Oficiales Mexicanas (NOM). Lo que comenzó como un trayecto cotidiano terminó en fatalidad cuando la explosión de una batería de litio provocó la caída mortal de un usuario, exponiendo la vulnerabilidad de millones de mexicanos que utilizan tecnología no certificada.
Fue el pasado 11 de marzo, las 15:00 horas, cuando un hombre de aproximadamente 40 años bajaba por las escaleras eléctricas de la estación del metro Camarones. Entonces, presuntamente el teléfono explotó, lo que provocó que perdiera el equilibrio y cayera desde una altura estimada de entre 20 y 30 metros, perdiendo la vida dentro de las instalaciones del sistema de transporte.
De acuerdo con los expertos, el fenómeno detrás de este incidente, conocido técnicamente como fuga térmica, no es un accidente espontáneo, sino la conclusión de una cadena de fallas de seguridad por el uso de equipos como cargadores o cables que no regulan correctamente el voltaje daña los circuitos de protección de la batería, que la van desgastando poco a poco y que la van dejando vulnerable a las condiciones del entorno.
En dispositivos como cargadores de teléfonos celulares o power Banks que sí cumplen con la regulación, existen sistemas de gestión de batería (BMS) que actúan como «fusibles» inteligentes. Sin embargo, cuando un consumidor utiliza dispositivos de contrabando, adquiridos en la economía informal y que no cumplen con las regulaciones, estos mecanismos de defensa son anulados sistemáticamente.
Los cargadores y baterías que no cumplen con la NOM-001-SCFI-2018 y la NOM-024-SCFI-2013 carecen de reguladores de voltaje y sensores de temperatura. Un cargador «pirata» puede enviar picos de corriente que degradan químicamente el separador interno de la célula de litio. Al perderse esta barrera, la energía acumulada se libera sin control, alcanzando temperaturas superiores a los 150°C en fracciones de segundo, transformando el electrolito líquido en gas presurizado hasta que la carcasa del teléfono cede violentamente.
Este tipo de incidentes se agrava con el ingreso de equipos de telecomunicaciones mediante el mercado gris, con dispositivos que no están diseñados o probados para operar en México o América Latina.
Esta problemática no es aislada. En México, se estima que el uso de artículos electrónicos falsificados o de contrabando eleva hasta en un 40% la probabilidad de siniestros, que van desde quemaduras severas hasta incendios estructurales. La falta de una certificación NOM significa que el producto nunca fue sometido a pruebas de estrés, caída o sobrecarga en laboratorios acreditados, dejando la seguridad del usuario al azar.
Al respecto, Carlos Pérez, Director General de NYCE, organismo líder en procesos de prueba de laboratorio y certificación de equipos eléctricos, electrónicos y de telecomunicaciones durante más de 30 años, lanza una fuerte advertencia para que este tipo de situaciones no se vuelvan el común denominador en un mercado estratégico como el de México, con más de 158 millones de telefonía celular activas y 98.6 millones de clientes cautivos.
«La seguridad del consumidor no es negociable. Los equipos que se venden de contrabando, o a través del mercado informal, y que no cumplen con las Normas Oficiales Mexicanas (NOM), de muchas maneras ponen en riesgo la integridad, la salud y el patrimonio de las familias mexicanas. Un cargador o una batería ‘pirata’ puede parecer un ahorro menor, pero las consecuencias de su falla pueden ser, como hemos visto, irreparables», lamentó Carlos Pérez.
La tragedia en el Metro Camarones debe servir como un punto de inflexión. La recomendación de los expertos es clara: el sello NOM en el empaque de un cargador o una batería no es un trámite burocrático, es la única garantía de que ese objeto en nuestro bolsillo no se convertirá en un riesgo para nuestra vida. Antes de comprar, verifique la procedencia legal del equipo; su integridad física vale mucho más que el ahorro de unos cuantos pesos.








